admiración, el único inconveniente está en saber ¿qué merece ser más admirado, la adorable condescendencia del hijo o el honor supremo de la madre? De los dos lados hay un mismo motivo para estar sorprendido. Por
urgente de rezar el Rosario San Francisco, "el hombre apasionado por Cristo", vivió según la regla del santo Evangelio imitando a Jesús, hijo de María. Recomendó a sus hermanos conservar la Iglesia de Santa
venga a verme? (Lc 1, 43). Por eso José quería despedirla. Pero, ¿por qué en secreto y no a plena luz del día? Para evitar cualquier investigación sobre el motivo de la separación, que requería su denuncia
divina e, incapaz de penetrar en su misterio, quiso despedirla. Pedro quedó asombrado ante la grandeza del poder; el centurión, ante la majestad de la presencia. San Bernardo de Claraval Extracto de la segunda
alimento y fuimos condenados a un ayuno eterno; María dio un alimento y se nos abrió la entrada al festín del Cielo. A la Virgen María le correspondió concebir a Cristo en su seno, pero es la participación universal
Cielos (Mt 18, 3). Sabes muy bien que un niño necesita una madre: eres Tú quien estableció esta ley del amor. En tu bondad y misericordia, has creado para nosotros una Madre que es la personificación de
necesaria para la Iglesia Los adoradores comparten la vida de María y la misión de oración al pie del Santísimo Sacramento: es la más bella de todas las misiones. También es la más santa porque es el ejercicio
grandes cosas en Ella, la Santísima Virgen, tan humilde, tan pobre, tan poco considerada, aprende del Espíritu Santo una sabiduría preciosa: aprende que Dios es un Señor cuya única preocupación es elevar
había agregado esa octava espada. Molesto y arrepentido, inmediatamente se confesó y recuperó la paz del corazón. Lleno de gratitud a la Santísima Virgen por su intercesión, volvió a la vida de la gracia
cinco días. El obispo y la religiosa, la madre Francoise-Magdeleine de Changy (1611-1682), superior del primer monasterio de la Visitación de Annecy, le preguntaron al demonio que repetía con furia: ¡Ah