22 diciembre – Italia: Nuestra Señora de la Leche

Encontraremos la verdadera alegría de Navidad diciendo un sencillo “sí”

Nunca debemos subestimar el poder de un "sí". Por ejemplo, el 16 de octubre de 1978, durante el cónclave para elegir al nuevo papa tras la muerte del papa Juan Pablo I, la votación pareció favorecer al joven cardenal Karol Wojtyla de Cracovia. Preocupado por este giro de los acontecimientos, Wojtyla se dirigió a su mentor, el cardenal Stefan Wyszynski, primado de Varsovia. El sabio Cardenal le recordó la historia de san Pedro que salió de la ciudad de Roma y escuchó la frase “Quo vadis?” (¿a dónde vas?) y le dijo: "Acepta”. Finalizada la votación de la tarde, el cardenal Jean Villot le preguntó a Wojtyla: "¿Aceptas?" (Testigo de la esperanza, p. 254) y el futuro san Juan Pablo II respondió: "sí”. Ese "sí" cambió al mundo.

Pensemos entonces en lo que puede hacer un “sí” colectivo. En 1571, cuando el Imperio Otomano amenazaba con controlar el Mediterráneo y se preparaba para invadir la Europa cristiana, el papa Pío V pidió a los fieles que rezaran un Rosario al día, mientras la cristiandad reunía una flota para la batalla. Aunque superados por una fuerza tres veces mayor, los cristianos salieron victoriosos de la batalla de Lepanto, el 7 de octubre, fecha que se convirtió en la festividad del Santo Rosario. En 1683, cuando el Imperio Otomano reanudó su yihad contra Europa Occidental y llegó a las puertas de Viena, el papa Inocencio IX volvió a pedir que se rezara el Rosario todos los días por el éxito del ejército cristiano. El 11 de septiembre, aunque superado en número, el rey polaco Jan Sobieski y su ejército hicieron retroceder a las fuerzas otomanas.

Y luego, en 1917, la Madre Celestial, cuando se apareció a los niños de Fátima, les dijo que pidieran a todos que rezaran diariamente el Rosario por la conversión de Rusia. Hicimos eso durante años y el 1º de enero de 1992, la Unión Soviética, el Imperio del Mal, se disolvió oficialmente. Un "sí" individual unido a muchos otros, por lo tanto, tiene el poder de cambiar los corazones y el mundo.

Encontraremos la verdadera alegría de la Navidad diciendo un sencillo “sí”. Como dijo María a santa Isabel: “Mi alma glorifica al Señor. Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador”. Nuestro "sí" también glorificará al Señor y experimentaremos el verdadero gozo de la Navidad.

Padre William Saunders, párroco de Our Lady of Hope en Potomac Falls y profesor de Catequesis y Teología en Notre Dame Graduate School of Christendom College en Virginia (EE. UU.), Catholic Herald, 4 de diciembre de 2019.

Suscribirse es fácil (y también darse de baja).
No lo dudes: suscríbete hoy. ¡Es gratuito!