La Asunción no nos recuerda simplemente que María subió “al Cielo”, sino que no se queda dormida en inactividad. Su escucha a su Hijo, "en agonía hasta el fin de los tiempos" (según la intuición de Blaise Pascal*), sigue siendo el modelo que no solo se nos ofrece, sino que Ella desea y pide que se nos dé la gracia de seguir. Y debemos buscar lo mismo que Ella, es decir, no solo encontrar la felicidad en Dios, sino llevar al prójimo a acogerla también.
Decididamente, el culto a la Virgen María no es un accesorio folklórico o una tradición marginal. No es uno entre muchos, sino el medio que se nos da para comprender plenamente quiénes somos y nuestra vocación como seres humanos que necesitan un Padre y una Madre en el Cielo.
Y si hay algo de sentimentalismo, incluso de ingenuidad infantil, ¡mucho mejor! Alégrate, porque eso es prueba de que no somos ideólogos secos y es a los niños y a los ingenuos a quienes se promete el Reino (Mateo 18, 1-5), a quienes sienten que, a través de María, la Sabiduría divina se hace visible y donde hasta los eruditos y otros miopes que se creen águilas, pueden reconocerla sin volverse idiotas, sino todo lo contrario.
Prof. Jean Duchesne, miembro del Observatorio Fe y Cultura de la Conferencia Episcopal de Francia, cofundador de la edición francesa de la revista Communio creada por Hans Urs von Balthasar, Henri de Lubac y Joseph Ratzinger.
*Blaise Pascal (1623-1662), conocido como Pascal, es un matemático, inventor, filósofo y teólogo francés de gran renombre.