3 de agosto – Francia: acto de consagración a María inspirado por san Pedro Damián y aprobado por el arzobispo de Cambray (1626)

¿Por qué dirigirse sobre todo a María?

Al cardenal Suenens, exarzobispo de Bruselas y primado de Bélgica que murió en 1996, le gustaba contar estas dos anécdotas que revelan el verdadero significado de la devoción mariana:

Siendo un joven profesor de Teología en la Universidad de Lovaina (Bélgica), recibió un día una llamada telefónica en la que le informaban que había sido nombrado obispo auxiliar de Bruselas. Sorprendido por la noticia, recibió numerosos testimonios de afecto, felicitaciones de sus compañeros profesores e, incluso, del rey de Bélgica. Se sintió muy honrado. Pero luego recordó algo que le gustó aún más: un amigo suyo vino a visitar a su anciana madre y le obsequió un ramo de flores. “Desde ese día, entendí mejor la devoción mariana: cuando nos volvemos a María, le damos una gran alegría a Jesús. Es una forma de amarlo aún más”.

El futuro arzobispo primado de Bélgica también dijo que, cuando fue arzobispo de Bruselas, tenía que inaugurar frecuentemente exposiciones junto con el rey Balduino. Un día, este se acercó a la gente que gritaba, "¡viva la reina!", “¡larga vida a la reina!”. Y él les dijo: “Pero la reina no está aquí, aquí está solo el rey". Algunas mujeres le respondieron: "¡Sí, pero sabemos que le agrada al rey!". Recordando la metáfora de las flores, podríamos decir que, cuando vamos a Jesús y queremos ofrecerle el ramo de nuestra vida, somos como los niños pequeños que recogen flores en un prado para llevárselas a su madre. Es un gesto lleno de generosidad, pero es un ramo desordenado, sin armonía, no muy bello. Si confiamos nuestra oración a María, ella es como una madre que recibe nuestro ramo malhecho y en un santiamén lo transforma en un hermoso ramo de flores.

Ella lo hace mucho mejor porque sabe que ese ramo no es para ella. Confiándole nuestro ramo, esto es, nuestros deseos, nuestras peticiones se purificarán y transfigurarán. Todo pasará por su sí. Y el fruto de nuestra oración será aún mayor.

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