20 marzo – Italia: Nuestra Señora de la Abundancia (1603)

Jesús y María encuentran refugio en el pudor de José

José nos ofrece el testimonio del pudor. Un pudor hecho de silencio, de reserva natural y recogimiento. José preserva la intimidad de su hijo adoptivo, Jesús. Respeta la alteridad de María, su esposa, en el misterio de su concepción virginal y su maternidad divina. El pudor de José envuelve y protege a la Sagrada Familia.

Este pudor de José no es vergüenza que expresa odio a sí mismo, ni modestia, ni la mojigatería que oculta una espíritu reservado y altivo. El pudor de José es la garantía del misterio que florece en él, el misterio de su propia elección. Es la modificación de los sentidos, el antídoto contra la vanidad, la fuente de su castidad, la réplica de su oración.

Hay algo en la Sagrada Familia que nunca podrá conocerse totalmente y ser manipulado. Una parte del secreto que requiere una supresión, en la que anidan la libertad de Dios que llama y ​​la libertad de la respuesta: el amén de Jesús y el fiat de María. Tanto Jesús como María encuentran refugio en el pudor de José.

José no solo practicaba la modestia, sino que nos la enseña. En su escuela, aprendo que el secreto de mi alma nunca será accesible a otros, que el movimiento de retorno a uno mismo se encuentra con una presencia viva que resguardo, la de Dios; presencia interna y trinitaria que justifica mi vida y que es el punto de partida de mi oración.

+ Dominique Rey: Obispo de Fréjus-Toulon (Francia)

Homilía del 16 de marzo de 2013 (extracto) - Santuario de Bessillon, Cotignac (Var, sur de Francia).

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