15 agosto – La Asunción de la Virgen María: solemnidad para la Iglesia universal. La Virgen de la Asunción es también la patrona principal de Francia (solemnidad particular de Francia)

María, “el paraíso espiritual del Nuevo Adán”

Hoy, el Arca sagrada y animada del Dios viviente, quien concibió en si a su Creador, descansa en el templo del Señor que no fue hecho por manos humanas. David, su antepasado, la exaltó; con él, los ángeles forman coros, los arcángeles la celebran, las virtudes la glorifican, los principados se estremecen, los poderes están alegres, los dominios se regocijan, los tronos la celebran, los querubines la alaban, los serafines proclaman su gloria

Hoy, el Edén recibe el paraíso espiritual del nuevo Adán, donde se revoca nuestra condena, se planta el árbol de la vida y se cubre nuestra desnudez.

Hoy, la Virgen Inmaculada, que no ha sido contaminada por ninguna pasión terrenal, sino fortalecida en pensamientos celestiales, no ha regresado a la tierra. Es colocada como cielo viviente en las mansiones celestiales. Ella, que fue para todos la fuente de la verdadera vida, ¿cómo estaría sujeta a la muerte? Ciertamente, estaba sujeta a la ley establecida por su propio Hijo: como hija del viejo Adán, Ella sufre la antigua condena —su propio Hijo, quien es la vida en persona, no la rechazó—, pero como Madre del Dios viviente, se alzó con razón hasta estar muy cerca de Él.

Eva, que cedió ante las insidias de la serpiente, fue condenada al parto y a la muerte. Su cuerpo fue depositado en las entrañas de la tierra. Pero esta Virgen verdaderamente bendecida, que siempre escuchó atentamente la palabra de Dios, quien concibió por obra del Espíritu Santo, y quien, al saludo espiritual del arcángel, sin voluptuosidad y sin unión carnal, se convirtió en la Madre del Hijo de Dios. Aquella que lo dio a luz sin dolor, que se dedicó por completo a Dios, ¿cómo hubiera podido ser devorada por la muerte? ¿Cómo podría haberla recibido el infierno? ¿Cómo habría podido la corrupción invadir este cuerpo que era el templo de la Vida?

Sermón de san Juan Damasceno (676-749; Or. 2, 2)

Suscribirse es fácil (y también darse de baja).
No lo dudes: suscríbete hoy. ¡Es gratuito!